(Shinpen, p. 831; Gosho Zenshu, p. 1252)
Sí el sol y la luna no estuvieran en los cielos,
¿cómo podrían crecer las plantas? Los niños usualmente tienen ambos, padre y madre y
es difícil para ellos cuando uno de los padres ha muerto. Su esposo tuvo que dejar atrás
una hija, un hijo enfermo, a usted, su esposa, que sufre de una débil constitución ¿A
quién podría confiarle su familia antes de dejar este mundo?
Al final de su vida, el Amo Buda se lamentó, "Ahora estoy a punto de entrar en
nirvana. Lo único que inquieta mi corazón es el Rey Ajatashatru". El Bodhisattva
Kashyapa (1) entonces le preguntó, "Debido a que la misericordia del Buda es
imparcial, su pena al morir debe provenir de su compasión por toda la humanidad. ¿Por
qué piensa sólo en el Rey Ajatashatru?" El Buda respondió, "Suponga que una
pareja tiene siete hijos y uno de ellos se enferma. Aún cuando los padres aman a todos
los hijos por igual, se preocupan más por el niño enfermo"(2). T'ien-t'ai citó
este pasaje en su Maka Shikan. Para el Buda, toda la gente constituye sus hijos. Al
igual que los padres que se preocupan más por el hijo enfermo, de toda la gente el Buda
se preocupa más por un hombre lo suficientemente malvado, como para matar a sus propios
padres y convertirse en enemigo de las enseñanzas del Buda. El Rey Ajatashatru era el
gobernante de Magadha. Él asesinó a su padre, el Rey Bimbisara, un poderoso patrocinador
de Shakyamuni y se convirtió en enemigo del Buda. En consecuencia, los cielos lo
abandonaron, el sol y la luna se elevaron fuera de ritmo y la tierra se estremeció
violentamente como para desecharlo. Todos sus súbditos llegaron a oponerse al Budismo y
los reinos vecinos empezaron a atacar a Magadha. Todo esto sucedió porque el Rey
Ajatashatru adoptó al malvado Devadatta como su maestro. Finalmente, en el décimo quinto
día del segundo mes, llagas de lepra aparecieron por todo su cuerpo y se predijo que
moriría y caería en el infierno de incesantes sufrimientos en el séptimo día del
tercer mes. Entristecido por esto, el Buda estaba reacio a entrar en Nirvana. El se
lamentó, "Si sólo puedo salvar al Rey Ajatashatru, toda la otra gente malvada
también podrá salvarse".
Su difunto esposo tuvo que abandonar a su hija y a su hijo enfermo. Debe haberle
preocupado profundamente que su esposa bastante mayor, tan débil como un árbol mustio,
se quedaría sola con la preocupación de sus hijos. Las persecuciones que acontecieron a
Nichiren también deben haber pesado mucho sobre su corazón. Como las palabras del Buda
no son en ninguna forma falsas, el Sutra del Loto, con seguridad, se propagará. Sabiendo
esto, su esposo debe haber sentido que algo maravilloso sucedería y que este sacerdote
algún día sería altamente respetado. Cuando fui exiliado, él debió haberse preguntado
cómo pudo ser posible que el Sutra del Loto y las Jurasetsu permitieran que esto
sucediera. Si él aun estuviera vivo, ¡cuán jubiloso estaría de ver a Nichiren
perdonado! ¡Cuán contento estaría de ver mis predicciones cumplidas ahora que el
Imperio Mongol ha atacado al Japón y el país está en crisis! Tales son los sentimientos
de los mortales comunes.
Aquellos que creen en el Sutra del Loto son como el invierno, que nunca falla en
convertirse en primavera. Jamás he visto ni escuchado que el invierno se convierta en
otoño. Tampoco he escuchado de ningún creyente del Sutra del Loto que permanezca como un
mortal común. Un pasaje del Sutra dice, "De aquellos que escuchen acerca de esta
Ley, no habrá ninguno que no logre la Budeidad" (3).
Su esposo dio su vida por el Sutra del Loto. Su medio de vida dependió totalmente de un
pequeño feudo, y éste le fue confiscado debido a su fe. Esto seguramente es igual a dar
su vida por el Sutra del Loto. Sessen Doji ofreció su vida por escuchar aunque fuera
medio verso de una enseñanza budista y el Bodhisattva Yakuo se quemó los codos en
ofrecimiento al Buda. Ambos eran santos, así que podían soportar estas austeridades tan
fácilmente como el agua que se vierte sobre el fuego. Pero su esposo era un mortal
común, así que estaba a merced de sus sufrimientos, como el papel colocado sobre el
fuego (4). Por lo tanto, él con seguridad recibirá una bendición tan grande como la de
ellos. Él podrá estar observando a su esposa y sus hijos en los espejos del sol y la
luna a cada momento del día y la noche. Como usted y sus hijos son mortales comunes, no
lo pueden ver ni escuchar, como tampoco un sordo puede oír los truenos ni un ciego puede
ver el sol. Pero no dude que él está cerca protegiéndoles.
Justo ahora que estaba pensando en alguna posibilidad de ir a verla, usted me envió una
túnica. Su consideración fue totalmente inesperada. Debido a que el Sutra del Loto es el
más noble de todos los sutras, puede ser que yo aún llegue a tener influencia en esta
vida. De ser así, tenga la seguridad que velaré por sus hijos, esté usted viva o no en
ese entonces. Cuando estuve en Sado y durante mi estadía aquí, usted envió su sirviente
para ayudarme. Ni en ésta ni en futuras existencias olvidaré jamás lo que ha hecho por
mí. No fallaré en retribuir mi deuda de gratitud para con usted. Nam-Myoho-Renge-Kyo,
Nam-Myoho-Renge-Kyo.
Con mi profundo respeto,
Nichiren
El quinto mes del primer año de Kenji (1275).
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